La alimentación humana es un fenómeno complejo que no solo afecta el aspecto biológico del ser humano, también se fundamenta sobre determinantes culturales y sociales, que configuran un escenario de valoraciones, significados y relaciones sociales. Partiendo de este panorama, el presente artículo ofrece una mirada desde la educación nutricional sobre el problema de la malnutrición, tomando como aportes centrales el concepto de cultura, algunos determinantes sociales, la educación nutricional, la educación popular y el desarrollo de capacidades y libertades.

Cultura y hábitos alimentarios

Hace tres millones de años los australopithecus se alimentaban principal- mente de frutos ricos en azúcares y, en menor medida, de semillas, raíces, tubérculos y cortezas. Con la aparición del Homo Erectus se produjo un cambio trascendental en la alimentación de los homínidos, quienes pasa- ron de comer frutos ricos en azúcares a centrar su dieta en proteína, una de las razones que posibilitó el desarrollo cerebral de la especie.

Cuando se analiza la historia de la alimentación humana se pueden observar trasformaciones en la ingesta de alimentos desde el hombre primitivo al moderno, que responden a dinámicas culturales propias del contexto. El factor cultural considera a la comida en su valor simbólico, como parte de un sistema de signos compartidos socialmente, que influye de forma significativa en las prácticas alimentarias propias de cada sociedad, las cuales pueden someterse a cambios

Desde el nacimiento, los sujetos son inscritos en normas que irán apropiando por medio de las interacciones sociales; en primer lugar, con sus padres y/o cuidadores y, posteriormente, con el resto de la sociedad. Estas pautas acogidas se enmarcan en un posible mundo de elecciones formadas culturalmente con respecto a la alimentación del sujeto, tales como los productos que se eligen para comer, dónde se comen, cómo se comen y hasta cómo se sienten los sujetos con relación a la ingesta de ciertos alimentos. De esta manera, los hábitos alimentarios se relacionan con la identidad cultural de cada pueblo.

Actualmente, la globalización como fenómeno cultural impacta el universo simbólico que mueve las formas de pensar y habitar el mundo, pues inserta códigos culturales globales que homogenizan las conductas de los individuos. Esto va acompañado de los intereses de la industria alimentaria que ha llevado a la homogenización no solo de las prácticas culturales propias de cada país, sino también de la alimentación, generando la pérdida de la diversidad en los repertorios alimentarios de cada pueblo.

Dentro de las nuevas prácticas alimentarias promovidas con la globalización se predispone al consumo masivo de comida chatarra, alimentos procesados, platos pre cocinados, comida instantánea y otros diversos alimentos con alto contenido de grasa, sal, sodio, azúcar y demás componentes que, en grandes cantidades, pueden ser perjudiciales para la salud.

Con la globalización, las formas de alimentación se reducen a un sistema global que determina el universo simbólico o de representaciones a través del cual el ser humano escoge determinados alimentos. Al principio, la humanidad buscaba alimentos tan solo para satisfacer las necesidades biológicas, pero, en la era de la globalización, el acto de comer se mueve por el deseo en la compra indiscriminada de productos para el consumo.

Si consideramos el deseo como elemento que mueve la satisfacción de las necesidades nutricionales, debemos considerar el papel protagónico de la industria que tiene como insignia la producción y el consumo masivo, erigida como promesa de goce para el sujeto. En la población se legitima un modo de satisfacer una necesidad, ahora centrado en la adquisición de alimentos procesados, de poco valor nutrimental y de fácil acceso.

Cifras y repercusiones de la malnutrición a escala mundial y nacional

Los rápidos cambios en la alimentación de la población mundial han significado el aumento en las cifras de sobrepeso y obesidad. Sin embargo, frente al aumento de la obesidad persiste el problema de la desnutrición, resultado de la carencia de alimento que dota al cuerpo de energía necesaria para la supervivencia.

Lo anterior, representa la doble cara de la malnutrición; obesidad y des- nutrición, lo cual trae serios problemas de salud que tienen repercusiones también en el ámbito social.

Según la Organización Mundial de la Salud en adelante, oms (2018), la obesidad ha estado ligada a enfermedades nutricionales no transmisibles en adelante, como las enfermedades cardiovasculares principalmente cardiopatía y accidente cerebro vascular-, la diabetes, los trastornos del aparato locomotor -en especial la osteoartritis, enfermedad degenerativa de las articulaciones- y algunos cánceres. Otra condición incluida entre las ent es el hígado graso no alcohólico, caracterizado por la resistencia a la insulina, derivada de la diabetes tipo ii.

En el caso de los adolescentes con obesidad o sobrepeso, estos pueden presentar un estado de ánimo más bajo, estar más deprimidos y aislados socialmente. De igual forma, el complejo de inferioridad también puede darse como consecuencia de la obesidad, ya que en ocasiones se

da un valor excesivo a la apariencia física con relación a los estándares de belleza establecidos culturalmente. Esto puede contribuir a que las personas tengan pensamientos negativos, sientan miedo al rechazo, a hacer el ridículo y progresivamente dejen de relacionarse o de hacer cosas que les gustan, lo que puede afectar algunas áreas de la vida, así como la consecución de sus metas.

Incluso, a muchas personas les preocupan los comentarios y los pensamientos que otras tengan sobre ellas. En ocasiones pueden sentirse juzga- das y su auto imagen puede verse afectada por estereotipos de belleza, lo cual podría generar exclusión social e inhibir la libertad de relacionarse con otras personas en diferentes espacios.

Las personas con obesidad tienen preocupaciones y problemas singulares, como caber en el asiento de un auditorio, comprar ropa que sea de su estilo y talla o realizar tareas que las personas con peso adecuado pueden desarrollar fácilmente. El desarrollo de tareas sencillas se vuelve complicado y, en muchos casos, necesitan de la ayuda de otras personas para realizarlas.

Partiendo de los datos recogidos, la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,8 millo- nes de personas (oms 2016). Aunque anteriormente se consideraba un pro- blema confinado a los países de altos ingresos, en la actualidad la obesidad también se presenta en los países de ingresos bajos y medianos.

Por otro lado, según la oms (2016), la cifra total de personas que padecen hambre en el mundo asciende a 815 millones: para Asia 520 millones, África 243 millones, Latinoamérica y el Caribe 42 millones. En términos porcentuales, corresponde a nivel mundial a un 11 %, Asia tiene 11,7 %, África el 20 % (África occidental 33,9 %), Latinoamérica y el Caribe un 6,6 %.

La desnutrición durante la vida fetal, la infancia y primera infancia modifica la estructura y la función del organismo mediante un fenómeno llamado programación. Los adultos que en su niñez e infancia fueron afectados por la desnutrición pueden desarrollar apresuradamente enfermedades como diabetes tipo ii, enfermedad coronaria, hipertensión arterial, infarto de miocardio, etc. (Savino 2011).

Ramírez (2014) comenta que durante la infancia y la edad preescolar las consecuencias de la desnutrición se asocian con retardo en el crecimiento y el desarrollo psicomotor, mayor riesgo de morbilidad con efectos adversos a largo plazo, incluyendo disminución en la capacidad de trabajo físico y en el desempeño intelectual en la edad escolar, la adolescencia y la edad adulta. La desnutrición aguda puede ocasionar daño cerebral permanente en este lapso y con ello producir retardo del crecimiento antropométrico, cognitivo, emocional e intelectual.

Conclusión

En todos los países, los factores sociales y culturales tienen gran influencia sobre las prácticas alimentarias de las personas. Sin embargo, dichas prácticas han sido transformadas progresivamente con la llegada de la industria alimentaria y la monopolización del mercado, que obligan al consumidor a escoger alimentos de poco valor nutricional, ya que son más fáciles de conseguir. Paralelamente, con el crecimiento de la industria alimentaria se debilita la agricultura y el sustento diario de miles de campesinos, lo cual afecta la seguridad alimentaria y nutricional en términos del derecho a una alimentación nutricionalmente apropiada.

En este sentido, el problema de la malnutrición es una situación preocupante que merece ser estudiada y discutida desde una mirada multidisciplinar. Desde esta perspectiva se propone la educación popular como escenario de trasformación en cuanto a prácticas alimentarias que respondan a los requerimientos nutricionales diarios de las personas.

Asimismo, es indispensable poner en debate público los determinan- tes sociales que afectan directamente la imposibilidad de acceso a muchos productos alimentarios y consecuentemente a la desnutrición. La política pública en san debe establecer como estrategia fundamental buenas condiciones y relaciones laborales que permitan, por un lado, mayor capacidad a las personas de controlar su vida y, por el otro que se desarrolle un proceso socio político en el que se garanticen los derechos humanos y la justicia social en los grupos más marginados de la sociedad.

También la política pública en san debe proteger e impulsar la producción agropecuaria nacional, por medio de la tecnificación en los modos de protección de los pequeños agricultores y así constituir un modelo basado en exportaciones y no sobre importaciones de alimentos. Para ello es indispensable políticas proteccionistas que den prioridad a la producción local sobre grandes monopolios agroindustriales que controlan el mercado mundial.

De esta forma también se garantiza la seguridad alimentaria y nutricional en dos sentidos: el primero, por medio de la producción local se crea mayor empleo y fuentes de ingresos de muchas familias y personas, y el segundo, estos ingresos posibilitan a su vez el acceso de las familias sobre alimentos que satisfagan la necesidad de nutrición.

Finalmente, es importante reconocer el papel fundamental de la educación nutricional en el desarrollo social, puesto que, por medio de una alimentación nutritiva, las personas tienen mayor posibilidad de acción sobre lo que quieren ser y hacer. Las capacidades son el medio para la privación o realizaciones de las libertades, como de las formas de llevar uno u otro estilo de vida.

Recuperado de: Quevedo, Paula. 2019. “La malnutrición: más allá de las deficiencias nutricionales”. Trabajo Social 21 (1): 219-239. Bogotá: Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia. doi:https://doi.org/10.15446/ts.v21n1.71425