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Educar para un cambio cultural.

Todos los días, en algún centro urbano importante de nuestro país, se repite la siguiente situación. Un paciente viaja a la ciudad desde alguna localidad del interior para recibir un tratamiento de alta complejidad. Al no contar ni con familiares ni con amigos cercanos no puede responder al pedido de donantes de sangre. Tal vez no sepa que nadie puede condicionar su tratamiento a la aparición de esos donantes y recurra, como única esperanza, a los medios masivos de comunicación. Este llamado no siempre tiene como respuesta la solidaria y desinteresada aparición de donantes voluntarios. La presión que reciben los enfermos y sus allegados sumada  a la falta de información puede culminar en un hecho riesgoso y, ocasionalmente, ilegal.

Mientras la ciencia trabaja en la cura y prevención de enfermedades hay algo que podemos hacer para que esta historia comience a ser pasado: la concientización sobre la importancia de la donación voluntaria y habitual de sangre. Toma de conciencia que implica el conocimiento tanto de leyes y normativas como de los motivos que hacen de la transfusión sanguínea un recurso, algunas veces único, para la recuperación de la salud.

La donación voluntaria de sangre es importante porque sus componentes y derivados son elementos insustituibles dado que no pueden ser reproducidos de manera artificial. La sangre no se puede “fabricar” en un laboratorio: los seres humanos dependemos de nosotros mismos para ayudarnos. Si bien es probable que hayamos escuchado acerca de los avances de la ciencia en relación con la producción de sangre artificial, esto está muy lejos de la realidad. Los componentes de la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma) cumplen funciones tan específicas que, hasta el  momento, es imposible fabricarlos. En la Segunda Parte nos detendremos  en estas cuestiones ligadas a la composición de la sangre y a su importancia en relación con las funciones vitales de todo el organismo.

Tipos de donantes

La transfusión es la única opción para las personas enfermas que requieren sangre; por eso, la donación es tan necesaria en el sistema sanitario. Existen diferentes perfiles de donantes: donantes voluntarios y habituales, donantes de reposición y dadores remunerados.

Los donantes voluntarios y habituales son aquellos que donan su sangre de manera anónima, no remunerada y periódica, sin que nadie se lo solicite, sin responder a la necesidad de un paciente específico.

Los donantes de reposición son aquellos que donan solo en respuesta al pedido de un familiar, amigo o conocido que lo necesita.

Los dadores remunerados son aquellas personas que venden su sangre. No se consideran donantes, dado que su acción no es motivada por un fin altruista. El pago a dadores de sangre está prohibido por la Ley de Sangre.

Importancia de la donación voluntaria

Numerosas investigaciones y publicaciones demuestran, a nivel nacional y mundial, que la donación más segura es aquella aportada por personas no coaccionadas, que eligen libre y voluntariamente donar su sangre sin esperar que los llamen y sin esperar nada a cambio. Estos documentos enfatizan la necesidad de identificar y elaborar estrategias que promuevan este tipo de donaciones ya que los donantes voluntarios y habituales garantizan la mayor seguridad transfusional.

Procesos de la hemoterapia salud ocupacional
Procesos de la hemoterapia

La seguridad transfusional requiere:

  • Que la unidad de sangre provenga de un donante voluntario y habitual;
  • Que se realicen todos los estudios para la detección de Infecciones Transmisibles por Transfusión (ITT) y
  • Que se realice un exhaustivo examen clínico al paciente para asegurar una adecuada indicación transfusional.

El cuadro siguiente muestra información de nuestro país en relación con la prevalencia de Infecciones Transmitidas por Transfusión (ITT) en donantes de reposición y en donantes voluntarios. Podrá observarse que el porcentaje de ITT es mucho más bajo en donantes voluntarios que en donantes de reposición, o sea, donantes que se acercan ocasionalmente o esporádicamente a donar sangre. Es para destacar que en otros países se observan resultados similares.

Los donantes habituales y voluntarios representan por sí mismos un seguro de calidad: se acercan a donar sangre sin ninguna coacción y buscan ayudar al otro, a quien no conocen pero saben que existe y necesita de ellos. Estos donantes se contraponen a los donantes de reposición quienes, exigidos por el entorno familiar y social, pueden verse obligados a omitir, durante la entrevista, algunas cuestiones relacionadas con su salud o con situaciones de riesgo a las cuales pudieron estar expuestos y por lo que no deberían donar sangre en ese momento.

Algunos hábitos o situaciones de riesgo excluyen de donar sangre, ya sea en forma temporaria o definitiva. Es por esto que para donar sangre se realiza una exhaustiva entrevista al respecto, observando muy atentamente el buen estado de salud del donante. De no ser así, como medida  de protección, la persona no podrá ser donante en esa oportunidad.

Condiciones para ser donante voluntario

Decíamos que, aun en el siglo XXI, la única fuente proveedora de sangre en el mundo es el ser humano y que no existe adelanto científico capaz de reemplazarla. Es por eso que insistimos en que donar sangre salva vidas. Esta característica hace que todos los países necesiten un número elevado  de unidades de sangre cada día para atender los requerimientos de sus pacientes. Esto  es, la necesidad de sangre es universal: atraviesa todas las naciones, sexos, culturas, religiones, edades, estratos sociales.

A continuación se enumeran tanto los requisitos para donar sangre como las situaciones que hacen que una persona esté excluida de esta práctica.

Requisitos para donar sangre:

  • Tener entre 18 y 65 años (mayores pueden donar con autorización médica).
  • Pesar más de 50 kg.
  • Gozar de buen estado de salud.
  • No estar en ayunas.

No pueden donar sangre:

  • Personas que padezcan afecciones cardíacas, respiratorias, neurológicas, renales, hepáticas.
  • Personas con síntomas como dolor de garganta, diarrea, dolor de muelas, fiebre o en trata- miento contra infecciones aparecidas la semana anterior a la donación y que estén tomando antibióticos.
  • Personas que durante los últimos 12 meses hayan recibido alguna transfusión de sangre, se hayan sometido a una cirugía, hayan tenido relaciones sexuales de riesgo (aunque hayan usado preservativos) o se hayan hecho tatuajes o piercing.

La selección del donante:

La donación de sangre es un acto realizado bajo la responsabilidad de un médico y esto es así para proteger la salud del donante y la salud del receptor. El profesional que actúa debe tener certeza de que el donante está en pleno estado de salud pues, de este modo, la donación no le ocasionará ningún inconveniente y el receptor recibirá el componente de sangre “más seguro”, que lo ayudará a recuperar su salud.

Recordemos que la sangre tiene tres componentes que son útiles para ser transfundidos a los pacientes: los glóbulos rojos, las plaquetas y el plasma. La posibilidad de separar estos elementos, llamados “hemocomponentes”, posibilita que una misma unidad de sangre pueda tener tres receptores diferentes. Por eso se dice que con cada donación de sangre se salvan tres vidas: a cada persona se le transfunde sólo el elemento que necesita.

La salud del donante está protegida porque la entrevista permite seleccionar claramente quiénes no pueden hacerlo porque pueden verse afectados. Es el caso, por ejemplo, de quienes tengan afecciones cardíacas, respiratorias, neurológicas, renales o hepáticas. La salud del receptor está protegida porque es un médico el que decide si el donante está en condiciones de donar o no.

A todos los donantes potenciales se les realiza una entrevista confidencial y, sobre la base de las respuestas de una guía muy detallada, el profesional de acuerdo al criterio médico y las normas vigentes decidirá si el donante es apto para ofrecer su sangre o si debe ser diferido temporaria o definitivamente. Se consulta al donante acerca de sus hábitos y vida personal, viajes, vida sexual, utilización de drogas o medicamentos. Esto se debe a que ciertas situaciones pudieron haberlo expuesto al riesgo de contraer infecciones graves transmisibles por sangre. Estos requisitos se establecen con un trabajo exhaustivo de las asociaciones científicas nacionales y mundiales y están en continua revisión y actualización.